En la medida en que la disolución de la sociedad de gananciales, especialmente cuando se produce por causa de muerte, entraña la transmisión de bienes, concretamente de terrenos en lo que aquí interesa, la regulación original del IIVTNU (Ley 39/1988) contemplaba esos casos como supuestos de exención del tributo. Esta solución, que era la técnicamente congruente con la naturaleza y el objeto del impuesto que se considera, resultó ser, empero, contraria a los intereses recaudatorios de la Hacienda Municipal.

La circunstancia indicada motivó un cambio en la regulación de la materia, de suerte que el vigente artículo 104.3 LHL, en su párrafo primero, dispone que no se produce la sujeción al impuesto “en los supuestos de aportaciones de bienes y derechos realizadas por los cónyuges a la sociedad conyugal, adjudicaciones que a su favor y en pago de ellas se verifiquen y transmisiones que se hagan a los cónyuges en pago de sus haberes comunes”.

En contestación a consulta, registrada de salida el 24 de julio de 2009, la DGT ha realizado una interpretación algo “expansiva” del precepto transcrito, de forma que la no sujeción al impuesto no sólo alcanza a la mitad del terreno que queda en poder del cónyuge supérstite, sino también a la mitad perteneciente al cónyuge fallecido, cuando la misma le sea adjudicada en la escritura de aceptación y partición de la herencia. Es una interpretación favorable a los intereses del contribuyente, pero que no se acomoda, del todo, al tenor y espíritu de la norma interpretada.

J.I.R.U.