Andalucía se adelanta a muchas CCAA, incluso al propio Estado, y aprueba, casi al final del “curso político”, su particular micropaquete de medidas fiscales anticrisis, cuyo alcance tiene más de demagógico que de incentivador de la actividad económica. Se trata, en concreto, de la Ley 8/2010, de 14 de julio, de medidas tributarias de reactivación económica de la Comunidad Autónoma de Andalucía, publicada en el BOE de 10 de agosto de 2010.

Las medidas fiscales de referencia afectan, esencialmente, al IRPF, al ISD y al ITPAJD, en los términos siguientes:

-En cuanto al IRPF, se modifica el régimen de la deducción autonómica para el fomento del autoempleo; y se crea el régimen de la deducción por inversión en la adquisición de acciones y participaciones sociales como consecuencia de acuerdos de constitución de sociedades o ampliación de capital en las sociedades mercantiles.
-Por lo que se refiere al ISD, se modifica el régimen de la mejora de la reducción estatal de la base imponible por la adquisición “mortis causa” e “inter vivos” de empresas individuales, negocios profesionales y participaciones en entidades; se modifica el régimen de la deducción autonómica por donación de dinero a parientes para la constitución o ampliación de una empresa individual o negocio profesional; y se modifica el régimen de la mejora de la reducción estatal de la base imponible por la adquisición “mortis causa” o “inter vivos” de empresas individuales, negocios profesionales y participaciones en entidades por personas sin relación de parentesco con el transmitente.
-En lo atinente al ITPAJD, se amplía el plazo de tenencia de viviendas adquiridas por profesionales inmobiliarios para su reventa; y se crea un tipo de gravamen incrementado para la transmisión de bienes muebles e inmuebles que superen un determinado valor real.

Es evidente que las medidas arriba reseñadas no van a sacar a Andalucía de la actual crisis; y menos aún van a hacer la más mínima mella en la situación de economía subvencionada en la que la CA se encuentra estructuralmente.

José Ignacio Rubio de Urquía